Relatos

CUENTO DEL CERDITO RAMON JAMON

-Papi…

-Dime cariño.

-Cuéntame un cuento…

-No, que es tarde y mañana vas de excursión a la granja escuela.

-Uno corto

-Por fa…

-Vale uno cortito, de qué quieres el cuento.

-Hmm, de un cerdito.

-Venga, a ver, hazme un hueco que me siento.

-De un cerdito pequeñito.

-Érase una vez un cerdito llamado…

-Ramón.

-¿Ramón?

-Sí, Ramón Jamón.

-Muy bien, pues Ramón Jamón era un cerdito pequeñito que acababa de nacer en una granja española.

-¡Bien una granja! ¿Y cómo era la granja? ¿Tenía hierba?

-No cielito, las granjas no tienen ya hierba, ahora son hoteles muy grandes, sin ventanas y sin aire limpio. Donde Ramón Jamón y su familia viven encerrados en estrechas jaulas de acero.

-¿Jaulas?

-Sí.

-Pero no hay jaulas en un hotel.

-Bueno en realidad más que un hotel… es como la cárcel, con barrotes y sin posibilidad de escapar ni de apenas moverte.

-¿Por que estaban en una cárcel? ¿Habían hecho algo malo?

-No-no-no, simplemente es la forma en la que ahora viven las familias de cerditos.

-No me gusta, así no son las granjas.

-Sí cariño, las granjas son así. Vamos a seguir ¿Quiéres?

-Sí… ¿Cómo era Ramón?

-Ramón era suave, pequeñito y de piel rosada. Tenía otros siete hermanitos y todos querían beber la leche de mamá cerda, pero había tan poco espacio que no todos llegaban a beber y más de uno pasaban mucha hambre. Ramón tuvo suerte porque fue de los primeros en nacer y pudo coger un buen sitio a tiempo. Otros eran aplastados sin querer por la mamá cerda que no podía apenas moverse. Pero nuestro cerdito era muy listo y sabía que tenía que tener cuidado cuando mamá cerda intentaba buscar una postura menos incómoda y dolorosa. También sabía que tenía que tener cuidado con el suelo de rejillas metálicas.

-¿Qué son rejillas metálicas?

-Es un suelo que tiene rajitas pequeñas para que sirva de piso y de baño a la vez. Los cerditos pueden hacer pipí y no se encharca, pero se les atrapan las patitas y se hacen mucha pupa al sacarlas.

-¿Y les curaba su mamá?

-No cielo, su mamá era grande y no podía moverse dentro de la jaula.

-¿Y su papá?

-No tenían papá.

-¿Y los granjeros?

-No los granjeros no los curaban. Mira justo ahora venía el señor granjero a ver a Ramón y a los hermanitos que quedaban vivos. Miró a Ramón, lo cogió por las patitas y lo tiró volando a una caja, después le cayeron encima sus hermanos, ¡menudo susto se llevó! Después los llevaron a una mesa en la que había un embudo de acero.

-¿Embudo?

-Sí como el que usamos para llenar la botella de aceite.

-¿Y por qué meten a Ramón en el embudo?

-Porque a los cerditos se les hace una cosa que se llama castración. Es algo muy normal con los animales, para controlarlos mejor y esas cosas. Lo que hacen es… quitarle los huevecillos.

-¿Y duele?

-Sí, sí, claro que duele. Además nadie le había avisado al pobre Ramón, no te imaginas lo que chilló buscando a su mamá.

-¿Y su mamá vino?

-No mi amor, no podía, su mamá estaba en la jaula sin poder moverse ¿recuerdas?

-Así es que nadie pudo hacer nada por Ramón. Después le cortaron la colita, los colmillitos y le perforaron la orejita con un bonito pendiente de color amarillo en el que ponía su nombre. A sus hermanitos les pasó exactamente lo mismo que a Ramón y cuando terminaron los llevaron a todos a otra habitación, lejos de su mamá porque ya eran mayores.

-¿Ya eran mayores?

-No del todo, pero iban a serlo a la fuerza. En la nueva habitación tenían más espacio, aunque el suelo seguía teniendo rejas y muchas veces cuando jugaban se rompían las patas y las pezuñas. Pero, como ya te he dicho, Ramón era muy listo y siempre tuvo mucho cuidado con esas cosas. Los granjeros les daban de comer y de vez en cuando, venía un veterinario con una jeringuilla y les pinchaban.

-¿Como las vacunas del colegio?

-Algo así… pero con más frecuencia, porque allí estaba todo sucio y las heridas se les infectaban, entonces para que no enfermaran les pinchaban medicinas. Ramón por suerte no enfermó nunca y siguió engordando con la comida hormonada que le daban. Pero a medida que engordaban tenían mucho menos espacio. Además se aburrían mucho sin poder salir. A veces era muy divertido jugar con el cachito pequeño de rabo que les quedaba, pero otras veces se hacían mucho daño. Alguno de sus hermanos se enfadaban y se hacían daño. Pero Ramón era muy sensato y siempre se mantuvo al margen de esas cosas. Pronto llegó el día de ver la luz del sol. Ramón lo llevaba esperando mucho tiempo, los granjeros vinieron y les sacaron dándoles palmaditas en el lomo y alguna que otra patadita en el culete para que subieran a un camión.

-¿Se iban de excursión?

-Sí, se iban de excursión.

-Que bien, y ¿dónde iban? ¿A un parque de atracciones?

-Efectivamente, a un parque de atracciones que se llamaba matadero-park. Les dieron un ticket a todos los que estaban lo suficientemente gordos y los subieron al camión. Había muchos muy gordos, así que tuvieron que apretarse bien para hacer hueco. Por primera vez el aire era limpio y el sol brillaba en el cielo. Después de muchas horas de viaje, sin comida, ni agua…

-¿No les hicieron bocadillos?

-No hubo tiempo, pero al final llegaron al parque de atracciones. Lo primero que había era una lanzadera que los bajaba del camión. Allí los esperaba un hombre, vestido de colores con una barrita que les daba chispazos en el culete si se salían de la fila. Antes de entrar les pegaban una duchita para que estuvieran limpitos.

-¿Había montaña rusa?

-Ya lo creo que sí, era la mejor atracción de todas, pero ellos no lo sabían era una sorpresa, por eso antes de llevarlos a la montaña rusa venía otro hombre vestido de colores con una cosa rara que los dejaba dormidos un ratito. Ramón no quería pero no le quedaba otra opción si quería subir. Una vez dormido a Ramón lo subieron a la montaña rusa. Le ataron la cadena de seguridad alrededor de la pata y cuando se despertó allí estaba subido en la montaña rusa. Entonces pasaban por delante de un hombre que les cortaba el cuello para que se desangraran. Ramón pensó que seguía dormido y que era una pesadilla, pero cuando pasó por la atracción del agua hirviendo y por la atracción giratoria del fuego, el dolor le hizo ver que estaba bien despierto. Al final Ramón dejó de ser Ramón para ser sólo Jamón, lo hicieron chuletas y filetes, lo envasaron en bandejas de plástico al vacío y así es como los niños y niñas como tú, que viven felices no comen perdices sino un filetito de Ramón antes de irse a la cama. Fin.

-Buenas noches corazón, que descanses y sueñes con cerditos.

Documental Granjas de Cerdos (172 granjas de España en 2009-2010)
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