Insperimentos

Doloroso relincho

     En el indigno espectáculo del toreo, no sólo el toro es víctima de “el Hombre” (singular y mayúsculo), sino también el caballo (símbolo de la dominación, espíritu salvaje domado y montado) obligado a portar sobre su cuerpo al lancero cómplice del matador, portador de dolor y sufrimiento, sentenciado a veces a morir por la viril diversión de ver la sangre corriendo:

¡Te estoy matando!

A sangre viva y tripa fuera,

corneando el miedo

sin ir mi furia en contra tuya,

mas yendo contra

aquél que monta armado arriba.

¡Relincha fuerte!

Amigo herido en muerteherida,

que estoy muriendo.

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