Escritura, Insperimentos, Relatos

Donde el Tao habita

 

Me sorprendió que no tuviera ningún cuadro, ni rastro de esos rectángulos multicoloridos, multipincelados de multiformas decorativas y, sin embargo, así era. De los armarios no quedaba ni la sombreada y polvorienta huella que suele apelmazarse bajo sus pies, tampoco había rastro de los fotogramas proyectados de sus formas sobre la pared. Qué pena que nadie hubiera puesto cortinas, o mesas, o sillas, a veces apetece sentarse más que estar de pie. No había luz debido a la carencia de esos otros rectángulos muticristalinos, multiluminosos llamados ventanas, ni qué decir que para entrar y salir hacen falta puertas. Por no haber no había ni techos, menos aún podríamos hablar de paredes, ¿y el suelo? El suelo es mejor no nombrarlo.

 

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