Escritura, Insperimentos, Narrativa, Prosa Poética, Relatos

Las Crónicas de Jack Wisdom

Dedicada al paño que tiñe de invisible los
peores hábitos de nuestra sociedad:
la normalidad.

-PRÓLOGO-

Lo único que quiero decir a quien se anime a leer esta breve obra es que aguante hasta el final, para que pueda entenderla e interpretarla con justicia.

Nunca se ha de desprestigiar el fango, cuna del loto, ni tampoco la mierda, abono de la tierra; así, de la misma manera, no se deben desprestigiar el llamado “cine” de Hollywood, los muy publicitados “best seller” o los “hits” más sonados del momento, pues nos sirven como indicador de lo mucho que aún nos queda por hacer a quienes no damos por perdido el Arte pese a vivir en la edad dorada del entretenimiento.”

1

Nueva Boston (Marte). Año 2325.

La vida en Marte no es tan horrible Jack.

¿Estás de coña? ¡Camarera! Ponnos otras dos.

No es tan diferente a la Tierra, dicen que aquí hay más oportunidades.

Aquí sólo hay pozos de petróleo, minas y putas.

La vida en Marte es verdaderamente horrible, hacia aquel planeta de piel roja se han exportado los vicios, barbaridades y la desidia de terrestres. Los obreros explotados se aglomeran en los bares, buscando en la luminosa noche de neón, un trago largo de abrasadora garganta que queme el duro recuerdo de cada día. La esperanza de vida apenas alcanza los sesenta años, nada extraño sabiendo que las compañías responsables de abastecer la alimentación del planeta son Netlés, Cosca-Cola, Mc’ Doland y Mortsanto. Gracias a estas empresas, el cáncer y los problemas cardiovasculares son las principales causas de muerte.

¿Y qué piensas hacer con lo de Fredy?

Él mismo se lo ha buscado.

Pero es de los nuestros, Jack.

Los nuestros…

En Marte todo se divide entre dos gremios, los petroleros y los mineros. Entrar a uno de ellos significa odiar a los otros de forma automática.

No podemos pasarlo por alto, seremos la vergüenza del lugar. Unos cobardes.

¿Cobardes?

Las venas de Jack se dilatan con cada oleada de ira. Una ira profunda forjada en los abismos de la amargura y la infancia desposeída. La chaqueta de Tony se tensa a la altura del cuello, allí donde las manos firmes de Jack hacen crujir la tela, levanta a Tony del suelo y lo empotra contra la barra del bar.

¡Jack! ¿Qué coño haces? Suéltame.

Yo no soy un cobarde, ¿entiendes? Fredy es un hijo de puta mentiroso, si lo han trincado que se joda. Se pasará unos cuantos año mamando pollas de petroleros por que él mismo se lo ha buscado. Por mí que se pudran, él y toda su panda de traficantes.

¡Eh! Vosotros dos, no quiero problemas en mi bar.

¿Estamos causándole algún problema?

Sí, nada de peleas aquí.

¿Crees que esto es una pelea?

Jack, cálmate tío.

Le voy a enseñar lo que es una pelea.

Nada más terminar de hablar comienzan a volar sillas y cristales. Jack se dirigió hacia el dueño sin éxito, pues los dos gorilas calvos que hacen de porteros le sujetaron antes de que pudiera llegar y ahora vuela ensangrentado hacia el asfalto. Aterrizando en el agua ácida de las calles sucias de Nueva Boston.

¿Jack qué te pasa?

¡Déjame!

Y se aleja, cojeando de orgullo y sangrando de tristeza. Mientras Tony sale del bar envuelto en lamentaciones, queriendo ir tras él al tiempo que una mano lo detiene.

Déjalo ir Tony, es mejor así. Jack es un alma atormentada.

Lo sé Michael, pero no puedo seguir así o se lo cargarán pronto.

No te preocupes, él sabe cuidar de sí mismo. Vamos, ven conmigo, me han dicho que en el “Blue Jeans” han traído nueva mercancía, perras frescas de la Tierra, ¡de todos los colores!

Gracias Michael, pero creo que hoy marcho a casa.

Como quieras, yo voy a ver a si me hacen una buena mamada.

Bien, nos vemos mañana.

2

El complejo minero está a doscientos kilómetros de Nueva Boston. Cada mañana, una partida de aerobuques ultrasónicos salen desde la ciudad cargados con más de diez mil mineros, todos dispuestos a dejar su vida por un jornal basura, ajustado a la baja, para poder mantener los hábitos de consumo que alimentan la economía del lugar. A cambio de este sacrificio voluntario de su destino y su libertad, la empresa y sus directivos pueden ganar billones de dólares sin hacer demasiado esfuerzo. Así funcionan las cosas en Marte, unos pocos poseen casi todo mientras el resto tratan de vivir lo más cómodamente posible, eso sí, siempre dentro de los patrones establecidos por las empresas y las instituciones que esos pocos, que lo tienen casi todo, gobiernan. Esto es Marte, un planeta de individuos individuales que se necesitan para poder luchar, discutir o pisarse mutuamente. Un planeta de consumismo exacerbado, donde la riqueza es únicamente material y así lo demuestra la orientación de su política. El único monolito de carácter ligeramente espiritual de Marte es una gran manzana mordida, realizada en plástico de “la China”.

Este es el mundo que conoce Wendolyn, o como sus amigas la llaman, Wen. Pertenece a la tercera generación de habitantes nacidos en el propio Marte. Nunca ha pisado la Tierra, sólo sabe de ella a través de historias y fotos sacadas de internet. El planeta azul, la madre que engendró al ser humano, el eterno sueño de Wen.

Buenos días Wen.

Hola Randy. ¿Tienes los documentos que te pedí?

Wen es la hija del gerente del sector Delta de la mina de coltán, donde peores sueldos hay, mayor explotación humana y mayor índice de mortalidad.

Déjamelos en mi escritorio.

Ya están allí.

Tú siempre tan eficiente.

Pero creo que no te va a gustar lo que dicen.

¿Los de inspección siguen dando por saco?

Y esta vez parecen ir en serio.

¿Acaso mi padre no les paga suficiente?

Ya sabes cómo son Wen, siempre quieren más.

Los documentos señalan una serie de carencias de seguridad y de problemas de salud relacionados con las labores de extracción y los procedimientos utilizados en la mina. Wen no parece muy de acuerdo con lo que describen los documentos, su gesto de sorpresa y escepticismo la delatan.

No puede ser… Nuestras instalaciones cumplen la normativa MRT-W-X03, nuestros trabajadores no se quejan de nada de lo que estos documentos mencionan, Randy.

Yo no lo sé. Nunca estuve abajo en la mina. Habla con tu padre, él es quien sin duda sabe lo que de verdad sucede.

Tienes razón.

Y así lo hace, Wen llega taconeando el suelo con sus largas piernas de gacela, la falda ajustada casi enseñando los glúteos, como manda el protocolo de la oficina, escote amplio y maquillaje facial. Saluda a Gabriela, la secretaria y amante de su padre, y se recoge el pelo justo antes de llamar a la puerta.

¡Adelante! Hija que sorpresa, de verdad que no te esperaba. ¿Necesitas dinero?

No. Vengo con el informe de seguridad laboral.

No hagas caso querida, ya les hemos hecho una oferta lo suficientemente sugerente…

En cualquier caso quiero bajar a la mina y contrastar lo que dice el documento.

Su padre se ríe a carcajadas del comentario de Wen y se pone en pie para acercarse hacia su hija.

Wendolyn, cariño… estas son cosas de papá.

Poco a poco, mientras habla, acompaña a Wen hacia la puerta.

Y como gerente de esta mina… te prohíbo expresamente que bajes. ¡Grabriela! Anuncie a seguridad que no quiero que nadie de la oficina, sin mi expreso permiso pueda entrar a la mina.

Pero…

La puerta termina de acallar la voz de Wen que, movida por el orgullo y la ira hacia la actitud de su padre, decide ponerse el casco y dirigirse hacia el ascensor que baja hasta la planta subterránea. Desafiando las palabras de su padre en un gesto infantil y utópico.

Vengo de la oficina para realizar una revisión de las condiciones de trabajo, abrid la puerta.

Los de seguridad se ríen de Wen, sobre todo, después de oír lo de “condiciones de trabajo”.

Mira bonita, tu papi ya nos ha dicho que venías y que no pases.

Sí, marcha a jugar con tus pinturitas de colores a la oficina.

El pitido que marca el almuerzo interrumpe la conversación. Filas de obreros salen a fumar sus cigarros.

¡Eh! Taylor, ¿quién es esa zorrita?

¡Morena! ¿Quieres meneármela esta noche?

¡Cerdos! ¿Qué os habéis creído?

¡Uh! Si es todo un genio la perrita, ven aquí con tu amo.

Acércate y te corto los huevos.

Sigue así nena, cada vez me pones más. Te voy a…

Dos manos agarran al muchacho interrumpiendo su avance hacia Wen.

Antes de llegar a ella pasas por mí, ¿entendido?

No jodas Jack.

No, no jodo. ¿Algún problema con ello, Smith?

No.

Muy bien. Pues lárgate a tu puesto de trabajo.

Estoy en mi descanso.

No me digas. ¡Se acabó el descanso! ¡Todos a sus puestos de trabajo!

Uno a uno los cigarros sin terminar van cayendo al suelo entre gruñidos y rumiaciones entre dientes, mientras los obreros caminan hacia el interior de la mina.

Gracias, no sabía ya qué hacer.

Este no es lugar para mujeres, ¿a qué has venido?

Quería comprobar las condiciones laborales…

Una puta mierda, eso son. ¿Algo más?

Quiero entrar.

Te lo repito por última vez, este no es lugar para una mujer.

Y con esta última frase, Jack se da la vuelta para desaparecer por la entrada hacia la mina. Dejando a Wen a solas con los seguridad.

¿Ya te has divertido?

¿Quién era ese?

¿Ese? Es Jack.

Jack, ¿qué?

Jack Wisdom.

FIN

-UTÍLOGO-

Ayer por la noche, quise continuar escribiendo la obra y me encontré con la misma sorpresa con la que usted se acaba de encontrar, la obra había llegado a su fin. La decisión no fue mía, yo me encontré entre mis papeles una carta, más bien un manifiesto, que ahora les transcribo íntegramente para que, como yo, entiendan a que se debe este final tan fortuito e inesperado.

Carta al escritor:

Querido escritor, es nuestro deber como personajes de esta obra comunicarle que tras deliberar sobre la misma, hemos acordado no proseguir con ella. Esta decisión, aunque difícil, es irrevocable y ha sido tomada en total consenso con todos los personajes. Le damos las gracias por la oportunidad brindada y, para que usted pueda entender qué nos ha llevado a tomar esta drástica decisión, le exponemos a continuación nuestros motivos:

Lo primero que deseamos transmitirle es que lo que hasta ahora ha quedado escrito es una bazofia infinita, digna de un “best-seller” o de un guión “hollywoodense”. Quizá usted se haya vendido a una editorial para la que una creación se traduce en euros, pero nosotros no estamos dispuestos a tal rebaja cuantitativa, a este sacrificio de la calidad y de la sensibilidad artísticas en pos del consumismo barato de entretenimiento. Como personajes suyos, nos oponemos a la destrucción de la literatura.

Habiendo dejado claro este primer punto, seguiremos con la obra en sí misma. Una lectura sencilla, basta para rebelar con claridad cómo estas páginas perpetúan un modelo de violencia, cargado de machismo, de individualidad exaltada y heroicidad caduca. Creemos firmemente que el valor de una obra debe medirse, no sólo desde su calidad lingüística, sino también desde la contribución que ésta realiza tanto a quien la escribe como a quien disfruta de su lectura. Tan importante es la forma como lo es el contenido, por ello apostamos por que la obra, en cuya construcción participamos, contribuya a generar y consolidar una cultura basada en el cuidado mutuo, un cuidado mutuo que se extienda más allá de las personas, que abrace también a los animales no humanos, plantas y elementos que alimentan la vida en la Tierra; una cultura del cuidado mutuo de la Vida.

Entienda, por lo tanto, que desechemos participar y promover cualquier obra que, aunque digna en prosa y de construcción bella, evoque y perpetúe la normalidad violenta de la sociedad a la que pertenecemos.

Rechazamos pues al macho individual, heroico y triunfante, a la mujer desposeída de su propio cuerpo y destino, a la lucha por el poder y a la violencia como solución a los conflictos. En contraposición, abogamos por el crecimiento personal y colectivo, el fomento de la convivencia desde la no-violencia y la toma de consciencia de la realidad acompañada de la acción responsable. Bajo esta filosofía del cuidado mutuo de la vida, la obra debe servir al crecimiento de quien la escribe (no a su éxito, ni a crear renombre), cuidando el mundo interno de quien la lea (no el bolsillo editorial), generando un espacio de encuentro en el que el disfrute (que no el entretenimiento) favorezca y acompañe la reflexión y el aprendizaje, todo ello sin dejar de lado la sensibilidad artística y la propuesta creativa.

Dicho esto, le invitamos a reflexionar sobre su labor social como escritor y como artista (como persona del mundo, que no en el mundo), sobre sus objetivos vitales y en qué lugar le dejan estos objetivos frente a usted mismo y frente al resto de seres que nos rodean. Y, sobre todo, si sus objetivos le hacen caminar hacia el cuidado mutuo de la Vida o, en cambio, sus pasos se dirigen hacia la aniquilación mutua, tan tristemente normalizada, de nuestro tiempo.

Esperando pronto su regreso a la cordura, nos despedimos de usted, siempre a su servicio, su cuidado y crecimiento, reciba todo nuestro afecto y compasión.

Atentamente:

Sus queridos personajes.

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