Psicología y madurez

  Aunque normalmente utilizo los términos desarrollo y crecimiento personal, lo hago por facilidad de entendimiento, por convención, pues son las palabras más extensamente utilizadas para señalar el tipo de cursos y actividades que aquí presento; sin embargo encuentro más acertado llamarlas actividades de madurez o maduración personal. ¿Por qué? Me explicaré mejor a través de una manzana:

   Toda manzana nace de un útero floral, una vasija creadora que previamente ha sido fecundada por el poder fertilizador del polen, es decir, la manzana nace de un hermoso baile entre las energías masculina y femenina. Poco a poco, en ese útero fecundo, van teniendo lugar transformaciones que modelan la manzana; ésta es al principio un bulto verde y pequeño, apenas reconocible, pero con el suficiente alimento, tiempo y cariño, este proyecto de manzana irá desarrollando su forma y creciendo en tamaño; y si este proceso no se interrumpe, a los pocos meses encontraremos un fruto ya formado (ya desarrollado) y grande (ya crecido). Pero aún no está lista, todavía hace falta un proceso más, es necesario que se vista de cálidos colores, se perfume con delicadas fragancias y torne su sabor dulce y apetitoso. Es este proceso sazonador, que torna la manzana irresistible, plena de matices únicos y diversos, a lo que llamamos madurar; es además lo que hará que la manzana se suelte del árbol, es decir, se independice para ejercer su poder creativo y se convierta al mismo tiempo en sustrato y germen para una nueva generación de vida.

   Crecimiento y desarrollo, son dos procesos que aquí identifico principalmente con los períodos de infancia y adolescencia; aquí la madurez es el camino de convertirse en adulto, en otras palabras, conocerse a uno mismo y tomar la responsabilidad de la propia vida (independencia), para enriquecer el mundo (sustrato) con la fuerza de nuestro poder creativo (germen).

   Estas actividades están pues encaminadas a madurar, porque la adultez legal nada tiene que ver con la adultez personal; un DNI no nos enseña a atender el dolor, tampoco a escuchar la sabiduría de las emociones, ni a mantener nuestras propias convicciones o encontrar nuestro centro a través del cual miramos la vida con calma. Madurar es un peregrinaje hacia la sabiduría, es una etapa deliciosa que aprender caminando.

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