El contestador divino

   Un final llega, puede que tarde o con unas horas de retraso pues, cuando esperado, gusta hacerse de rogar. Pero llega. El final se convierte así en un remolón ineludible, un inevitable presente que aparece pateando las consciencias empanadas, quien vive un final sabe que se acaba y sirviéndonos de la redundancia podríamos decir que: todo final tiene un final y ese final del final tiene al final un fin cuyo fin, al fin y al cabo, es comenzar. Pues en estas mismas visicitudes o vicisitudes, siempre me he liado, se encontraba Julio minutos antes de palmarla, cuando sortear un tiesto caído sin razón y evitar un posible navajazo se hicieron demasiado casuales en una misma mañana. La muerte lo fulminó llamando a un taxi y ahora está ahí con la mano arriba, preso del rigor mortis, y escuchando de fondo algún que otro lamento mientras la pala borra con arena las caras que aún se asoman a la fosa de su lecho.

   La misma arena de tu final es la arena de tu nuevo principio, adelante Julio escúpela y deja de estar pasmado en esta playa, así-así, yérguete y sacúdete bien mientras miras el absoluto vacío de tu alrededor. Por cierto, que vaya traje, aunque por otro lado ¿para qué iba a querer vestir un muerto un traje de rico? El propio cuerpo debería ser suficiente, viene hecho a medida y es totalmente exclusivo. En cualquier caso aquí estás, mi querido Julito, caminando descalzo en esta playa desierta de Dios.

–¿Hola? ¿Dios, estás aquí? ¡Hoooooolaaaaaaa! ¡Jesús! ¡Pedro!… ¿Buda?

   Buen intento Julio pero no esperes respuesta, el teléfono al que llamas está apagado o fuera de cobertura en este momento, puedes llamar más tarde o dejar un mensaje después de la señal, que aquí ni el eco contesta.

–¿Pero estoy muerto o es un sueño?

   Estás muerto y bastante muerto por cierto, lo difícil en realidad es averiguar dónde estás. El lugar es bonito, una agradable cala, paradisíaca incluso, aunque el detalle de la soledad podría ser una encerrona y este sol que se nos cae encima un adelanto de infierno. Además teniendo en cuenta que… ¿Julio? ¿Dónde vas corriendo? ¡Espera! No debería haber elegido este trabajo de narrador, siempre hundido en la mierda de los personajes, sin poder ayudarles, ni dialogar con ellos, ni disfrutar sus alegrías, ni declarar el amor que a veces he sentido al admirar durante horas su forma de hacer, de obrar, sus detalles, sus gustos, sus pensamientos y aún así tener que quedarme en este limbo que une a quién lee con los hechos, mirando como sucede su música y como disfrutan del sexo… Narrar, narrar y narrar ¿y al narrador quién lo narra? Sí-sí, que a nadie le importa mi vida, que soy el narrador ya lo sé… Qué quieren que les diga, pues ahí está Julio mírenlo, como un niño pequeño cuando encuentra un juguete en la playa, parece… un contestador, un contestador enorme, celestial, ¡divino! ¡No, Julio no lo toques!

Este es el contestador divino, tiene muchos trillones de mensajes, la memoria está casi llena. Pulse1 si desea escuchar los mensajes; pulse 2 si lo que…

-Pulso 1.

-Primer mensaje: hola Dios… que con respecto a lo de echarnos del paraíso… no sé… ¿no ves un poco infantil ponerte así por una manzanita? Anda reconsidéralo… por los primeros tiempos… ya tú sabeh vieho.

   Espero que no se te ocurra escucharlos todos, busca que seguro tiene que haber un botón para avanzar rápido. Ese, ese debe ser pruébalo a ver… sí-sí parece que suena como si estuviera avanzando la cinta o lo que sea que sirva de soporte de grabación. Bien Julito, bien.

¡Señor, señor! So-so-soy Noé, el-el-el de la barca en la que caben todos los animales. Que-que digo… aunque tú seguro que lo-que lo ves mejor des-desde ahí arriba… pero bueno, aquí abajo nos parece que, a lo mejor-a lo mejor, ya ha caído suficiente agua… Y-y-y una duda-una duda, que no… no nos aclaramos con el ornitorronco ese o como se llame que… ¿qué-qué come? Sólo-sólo era eso.

¿Probando… probando… se me oye? Al habla Moisés desde la zarza, que Ramsés está muy cabezón y que no hay manera, ya sabes como es… Bueno, si hubieras visto como se puso con el tema de las ranitas te habrías partido de la risa. Qué te iba a decir… ah, sí, que hablando con mi mujer hemos pensado, aunque ya sé que eres tú quien piensa y que yo estoy aquí para obedecerte, que en vez de matar a un pobre cordero que no tiene culpa para pintar las puertas de rojo podría servir un pigmento vegetal, una telita colgada… o algo así… no sé… ¿cómo lo ves?

Mmm hola fiera… o debería decir pichoncito… ¿cuando vuelves por aquí? José se marcha este domingo, y tú los domingos descansas ¿verdad?

¡Papá! Soy Jesús, que los romanos me persiguen y dicen que si me cogen me van a colgar de no sé dónde ¿puedes hacer algo? Yo creo que quizá un diluvio pequeño o una plaguita podría servir, porque ya no tengo ni vino, ni panes, ni peces. No me queda nada para apaciguarlos, a ver si se te ocurre algo… ¡Pero date prisa, por favor!

–…¡A la hoguera!…

–…¡Bruja!…

–…¡Blasfemia!…

Padre nuestro que estás en los…

   Ya hemos llegado a los típicos, ahora se tirarán siglos y siglos así, ya sé que aquí no parece que haya mucho que hacer y que a lo mejor estás toda la eternidad pero… ¿vas a estar todo el rato escuchando menajes?

¿Superman? Estás ahí…

   Bien, por fin nos vamos. Acercarnos a la orilla a refrescarnos será una buena idea. ¿Tienes pensado algo? Piensa mientras sientes caer el agua por tu espalda, arrastrando consigo la arena y alguna que otra espina guardada del pasado. Escucha como la espuma parece que canta antes de desaparecer y cada ola conquista lo alto de las rocas con la fuerza de mil caballos.

Tiene un mensaje nuevo: No sé qué estoy haciendo, nunca he hecho esto ¿tengo que decir mi nombre? Soy Helena Gómez…

–¿Helena? ¡Helena!

   Vamos corre, ¡más rápido!

–…te hablo porque mi novio, Julio, murió hace unos días y no consigo quitarme esta pena de encima…

–¡Helena! Soy yo, soy Julio ¿me oyes? ¡Helena! ¿Cómo se contesta? Tiene que haber alguna manera…

   Seguro que la hay Julio, busca un botón-busca un botón, algo verde o parecido.

–…no suelo hacer esto, bueno tú ya lo sabes claro, no soy muy creyente pero una amiga me ha dicho que a lo mejor me servía para liberarme un poco…

–Espera Helena, espera cariño… tiene que haber alguna manera, algún micrófono…

El caso es que no, no… no me esperaba que esto fuera a suceder y que de un día para otro él…

–No mi amor, no llores… por favor.

–…pues eso que no esté más aquí, que se haya ido para siempre.

–No me he ido Helena estoy aquí… estoy aquí…

   No llores tú también Julio, por favor te lo pido, que aunque sea el narrador no soy de hielo.

Ya sé que esto es así, que venimos a la vida previa condición de muerte y que algún día… Sólo que yo no esperaba… Lo que… lo que quiero que le digas es que… Julio…

–Helena…

–…me has enseñado mucho y que… que siempre estuviste ahí ayudándome a ser yo misma, a crecer cada día, a entender, a no juzgar al resto, a no juzgarme a mí. Echo de menos tu tierno abrazo en la noche y que llenaras de besos mi espalda, además que nadie hacía la mirada del cocodrilo como tú ¡Dios! Como echo de menos que me comas el… ¡Ay! perdón-perdón, no-no no quería decir eso, esto… que… gracias, simplemente quería eso, darte muchas-muchas-muchas-muchas gracias por todo lo que hemos vivido juntos y… sé que ya no estás, que no puedes oírme pero aún así necesito decírtelo… te amo Julio, te he amado cada día y que ahora…

–…ahora que no estás… amaré tu recuerdo siempre ¿vale? Sólo era eso… Adiós, digo amén.

   ¿Me entienden ahora? ¿Se dan cuenta de lo difícil que es estar en mi lugar? No sólo he de ser testigo fiel de todo cuanto acontece sino que además debo relatarlo. Ahora tengo que describir a Julio goteando como un canalón roto lleno de hojas, llegó el otoño atragantado y ya no es el vivir el que carece de sentido para él sino el estar muerto. Si algún narrador habló alguna vez de muertos vivientes a mí me toca hablar ahora de un muerto muriente, alma solitaria a-penas pintada, que a la perfección entiendo y al que no puedo consolar… ¿Creen acaso que no me gustaría acercarme a su lado, agarrarle por el hombro para girar su cuerpo y abrazarlo, decirle que no está solo con su drama, que yo estoy aquí, que le escucho siempre aunque no quiera, que le observo siempre aunque me duela. Porque eso soy, una consciencia, un simple observador cuyo drama es la impotencia de no poder intervenir, no poder hacer, sólo mirar, mirar y narrar. Así es, y así debe ser, mi papel es no-hacer y dejar que cada creación siga su curso sin entrometerme, sin mezclar mi egoísmo patético y miserable. Mantenerme en el no-hacer y dejar que poco a poco todo se ordene.

   Me preocupa Julio. Aquí el tiempo no pasa igual y lo que parece un minuto son en realidad semanas, diría que incluso meses, aunque su imagen sea la misma. Sigue sentado consumiéndose, sin hablar, sin llorar, sin caminar, escuchando el mensaje de Helena una y otra vez.

Tiene un mensaje nuevo: Soy Helena.

–¿Helena?

Ahora sí que habla como un muerto.

Esto es una tontería, pero necesito hacerlo, no sé por qué… Sé que nadie me oye, que es absurdo hablar aquí yo sola pero si no lo hago me sentiré peor mañana. Julio, sé que no estás, y que no tengo por qué tratar de dar explicaciones de nada, mi vida es mía y puedo vivirla como yo quiero. Hace mucho tiempo ya de tu muerte, no creas que te olvido, pero tengo que seguir adelante, pasar página, conocer nuevas personas y sobre todo buscar de nuevo el amor entre la gente, buscar de nuevo alguien con quien compartir mi amor y lo que me quede de vida. Sé que si estuvieras aquí lo entenderías, tú siempre tratabas de entenderlo todo y sé que me apoyarías, pero necesitaba decírtelo, o al menos hacer como que desde algún lugar me escuchas. Adiós, te amo y… amén.

   No habla, no dice nada, pero reacciona. Las palabras de Helena han hecho algún efecto en él, han revivido esa parte muriente de este espectro en que se había convertido Julio y que muy lentamente pone en pié la imagen de su cuerpo, recuerdo de sí mismo. Comienza a caminar directo hacia el mar. Su mente está clara, sabe dónde tiene que ir. No hay tristeza ni alegría, ni paz ni guerra, amor u odio. Quizá esta luz que ya no es sol y este agua que no es mar al mismo tiempo sí lo sean, ¡qué se yo! Lo cierto es que Julio se adentra en el agua sin calor ni escalofríos, todo se desvanece y aparece poco a poco al avanzar de vuelta a la existencia, pasando a ser cada vez menos parte y más todo, a la par que deja de ser nada, dando paso así al fin final del final, cuyo fin, al fin y al cabo, no es ni más ni menos que comenzar.

David Álvarez Carretero

Agosto 2013

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